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Claudia Morillo, esposa de Jhon Hader Betancurt, preso político “Esta pesadilla afecta a toda la familia”

“Sentí que se me acabó la vida”. El 14 de mayo de 2024 a Claudia Morillo se le tornó todo oscuro a su alrededor cuando se enteró de la condena a 30 años de prisión impuesta a su esposo Jhon Hader Betancurt, involucrado por el Estado en la denominada Operación Libertad. A lo largo de 5 años de prisión esta mujer, esposa y madre mantuvo la esperanza de que sería liberado, confiada en que no hay pruebas que incriminen a su esposo en los delitos que le imputaban: traición a la patria, rebelión civil, tenencia de material estratégico y asociación para delinquir, pues su único “delito” fue haber sido fotografiado, de manera fortuita, al lado del dirigente político Leopoldo López el 30 de abril de 2019 cuando lideró una pequeña sublevación que resultó frustrada y a la cual acudieron muchos curiosos atónitos de ver en las calles al líder político que tenía 5 años preso.

Se había prometido no llorar al conocer la sentencia porque ya ha derramado muchas lágrimas desde el 16 de agosto de 2019 cuando detuvieron a su esposo, pero fue imposible contener el llanto: “Pensé en él que es un ser tan noble y es inexplicable que pase por tanto dolor… También pensé en las otras más de 20 personas involucradas en este caso. Lloré porque nos arrebataron las ilusiones y aún siento que estoy muerta en vida”. El dolor que vive Claudia está a flor de piel cada día y cada noche, saca fuerzas para seguir adelante por sus hijos, dos de ellos con parálisis cerebral y el más pequeño de apenas 5 años de edad, el mismo tiempo que su papá lleva tras las rejas.

Aun así, en Claudia Morillo no hay odio ni ánimos de venganza. Al contrario, ella cree en el perdón, en la reconciliación y en el reencuentro de los venezolanos. Su voz es serena, aunque firme. Los ojos se llenan de lágrimas y la voz se quiebra de tanto en tanto mientras relata la tragedia que vive su familia. Recuerda que Jhon Hader estaba en el mercado de El Cementerio, en Caracas, trabajando como cualquier otro día dedicado a la comercialización de telas y prendas de vestir cuando repentinamente unos hombres de civil sin portar identificación lo abordaron y se lo llevaron. Quienes presenciaron el hecho pensaron que se trataba de un secuestro, así se lo transmitió el hijo mayor de Jhon a Claudia. No supieron nada de él durante 76 horas aunque lo buscaron por todas partes y estaban pendientes de si sus captores llamaban. No fue sino hasta que una persona conocida les asomó la posibilidad de que hubiese sido detenido, en vista de que es sabido que las fuerzas de seguridad aplican ese modus operandi. Comenzaron la búsqueda enfocados en esa posibilidad. Se dirigieron al Palacio de Justicia, encontraron en una pared una lista con nombres de personas sometidas a procesos penales y en efecto allí aparecía el nombre de Jhon Hader Betancurt. Algo totalmente insospechado para su familia.

Además de dedicarse al negocio de las telas por más de 20 años en el Mercado de El Cementerio, Jhon Hader también trabajaba en confección de prendas de vestir y es un apasionado del trabajo en el campo. Nunca ha militado en ninguna organización política ni emitido opiniones a favor de alguna parcialidad partidista.

“No sabía cómo llegar a la casa y decirles a los niños que su papá estaba preso”. Se refiere a sus morochos con parálisis cerebral que en ese entonces tenían 10 años de edad y al más grande que era un adolescente de 15 años. Apenas 7 meses antes había nacido el más pequeño. Jhon tiene otros hijos de su primer matrimonio que mantienen estrecha relación con los hijos en común con Claudia. Algunos de ellos también eran adolescentes para ese entonces, por lo que la devastación se extendió a un total de 7 hijos e hijas que, de un momento a otro y por una foto, quedaron sin su padre.

Pero más impactada quedó cuando supo que el expediente contra su esposo señalaba que había sido detenido el día 18; es decir, 2 días después de la verdadera detención; en la urbanización Los Chaguaramos y no donde realmente ocurrió ante la vista de testigos, y con un morral donde llevaba municiones y gasolina, cuando estos elementos fueron “sembrados” ante la vista de varias personas.

Pasaron 21 días desde la detención hasta que pudieron verlo. Con el paso de los días estuvo claro que quienes se llevaron a Jhon Hader fueron funcionarios de la antigua FAES que lo entregaron al Sebin. En prisión se contagió de COVID y no recibió asistencia médica. Su familia se enteró después que se recuperó. Quedó con secuelas como hipertensión arterial, adormecimiento de la cara y las manos, intensos dolores de cabeza. También ha presentado fuertes dolores al punto que se ha desmayado debido a una litiasis renal y en ocasiones ha orinado sangre.

Durante los 5 años de prisión hasta la sentencia se llevaron a cabo más de 55 audiencias, la mayoría diferidas por diversos motivos. En el último mes se aceleró el proceso judicial. La audiencia condenatoria fue denunciada por defensores de derechos humanos por las condiciones violatorias e inhumanas en que se efectuó, pues los señalados en este caso fueron presentados en la sede del Palacio de Justicia el día 13 de mayo para la audiencia que estaba fijada para las 11:00 de la mañana, pero no fue sino hasta las 7:00 am del día siguiente que la jueza Grendy Duque Carvajal dictó la sentencia. Desde ese día, el tribunal no da despacho.

En la familia de Jhon Hader todos han tenido que recurrir a ayuda psicológica a raíz de su injusta detención, esposa, hijos y él mismo. “La parte psicológica es la más fuerte, a mí esta situación no me permite tener tranquilidad; pasé dos años sin poder manejar porque tenía ataques de pánico. Hay días en que no quiero hablar con nadie porque siento que me arrebataron mis sueños, nuestros sueños en común, que cualquier cosa está incompleta para mis hijos sin la presencia de su papá…  Es una gran impotencia y un gran dolor no entender por qué estamos pasando por esto cuando somos personas que no representamos ningún peligro para el Estado venezolano”.

Por temor que lo ocurrido a su papá se extendiera hacia él como ha ocurrido en otros casos, el hijo mayor de Jhon Hader se fue del país al poco tiempo de la detención, sobre todo porque él presenció los hechos en vista de que ayudaba a su papá en el trabajo en el mercado. Desde el extranjero se convirtió en el nuevo sostén familiar, envía aportes económicos tan necesarios para la manutención de su padre en prisión y de sus hermanos. Claudia se vio obligada a dejar de trabajar, teniendo que atender a sus dos hijos con parálisis y al niño más pequeño, además de estar disponible para trasladarse desde Maturín –donde reside– a Caracas para visitar a su esposo recluido en el Sebin de El Helicoide y estar presente ante cualquier eventualidad que surja con el caso.

“De haber tenido la oportunidad me hubiese gustado hablar con Nicolás Maduro para expresarle que ese daño que se le hace a venezolanos comunes no tiene beneficios ni para el gobierno ni para quienes lo adversan… Mirarlo a los ojos y decirle que si él es fiel creyente solo de Dios, principalmente, viene el perdón y que como humanos podemos errar, pero también debemos recapacitar y hacerlo a tiempo porque del daño que se le hace a una persona es imposible cuantificar cuánto abarca eso en otros seres humanos”.

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