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Alejandrina Vera, madre de Jackson Vera: “Mi hijo es un hombre con una visión de paz para Venezuela, no un terrorista”

Tenía todo listo para defender la tesis de su maestría en Gerencia Pública, solo faltaban tres días para ese momento que esperaba con ilusión. En sus planes estaba dar clases en la Universidad de Los Andes, núcleo Táchira; trabajaba como administrador de empresas desde que obtuvo su licenciatura. Anhelaba formar a nuevas generaciones en la misma casa de estudios donde él se formó. Pero abruptamente todo cambió. Para sorpresa de su familia lo que transcurría como un día normal en el que Jackson Vera compartía con su abuela con quien vivía y con otros familiares que residen adyacentes a su casa en San Cristóbal, estado Táchira, se tornó en la antesala a una pesadilla jamás imaginada.

En un momento que salió en su moto el 5 de agosto de 2022 cuando fue interceptado en las inmediaciones de la Avenida 19 de Abril de la capital tachirense por funcionarios de la División de Investigaciones Penales -DIP-, quienes lo trasladaron a un hotel en la misma ciudad donde se hospedaba Jecson Ricardo Cariel García, un joven del estado Mérida, también egresado de la ULA, a quien Jackson conocía, pero sin ser grandes amigos. Lo sacaron esposado de su habitación y a ambos los presentaron a la opinión pública como “los explosivistas del Táchira”. La versión fue que a Cariel le habían encontrado C4 en una maleta y que junto con Jackson tenían planes desestabilizadores contra el gobierno. Pero la historia oficial no quedó allí; atónita, la familia de Vera escuchaba la versión de las autoridades según la cual los dos jóvenes eran “terroristas” a quienes habían capturado cuando regresaban de la frontera con Colombia (adonde Jackson no había ido en meses) y les habían encontrado boletos de avión para ir a Bogotá a mantener reuniones subversivas.

“Sentí que me moría”, rememora Alejandrina Vera del momento en que se enteró que su hijo había sido detenido. De tanto buscarlo por fin dieron con el sitio donde los tenían. Pero allí estuvieron poco porque fueron trasladados a Caracas, a más de 800 kilómetros de distancia, a partir de ese momento la familia no supo de él por 4 días. Su mamá se trasladó a la capital, casi 12 horas de recorrido en autobús. Tuvo que esperar 39 días para poder verlo. Y luego, otras 6 semanas para acceder a él por segunda vez.

Jackson Vera y Jecson Cariel están presos en el Helicoide, aunque no comparten celda. Allí fueron sometidos a tratos crueles e inhumanos para confesar lo que no saben, lo que no es cierto, porque no existe.

En medio del dolor la señora Alejandrina mantiene la calma, incluso asoma una sonrisa y habla con mucha paz; es una mujer creyente y aunque es consciente de lo que enfrentan como familia recurre a su fe inquebrantable, paciente espera el desarrollo de los acontecimientos convencida de la inocencia de su hijo. Cada vez que puede, que no es muy seguido por temas económicos, viaja a Caracas a ver a Jackson, por ejemplo, en los días previos a Navidad. Cuando comenzaron las audiencias del juicio también lo hizo, pero nunca pudo verlo por los diferimientos. El proceso judicial sigue en etapa de juicio a casi dos años de la detención, pero ahora las audiencias son telemáticas porque los funcionarios que practicaron la detención están en Táchira.

Alejandrina cuenta los días que su hijo lleva tras las rejas. Una franela con su imagen estampada forma parte de su indumentaria. Cuando habla del caso suele estar acompañada de su sobrina Fabiana, quien también ha llevado la batuta de las denuncias. La joven tiene claras en su memoria fechas y hechos, y también está dotada de firmeza como su tía, sabe –como el resto de la familia– que la versión oficial sobre la detención de Jackson no es cierta y no duda en desmentirla. Es, si se quiere, la prima más cercana a Jackson y acompaña a su tía en sus viajes a la capital y en las diligencias que hay que hacer por el caso.

Recita los delitos que le imputan a su primo: terrorismo, asociación para delinquir, resistencia a la autoridad y tráfico de armas y municiones. “No hay pruebas de ninguno de los delitos”, asevera.

Las audiencias del juicio se difieren constantemente por las fallas de luz en Táchira que impiden la conexión a internet. “En realidad Jackson es una víctima de persecución política; el tiene 20 años haciendo activismo, primero como dirigente estudiantil en la Universidad de Los Andes, luego como activista político hacía visible los problemas del estado Táchira y del país; también alzaba su voz por los derechos humanos, denunciando las violaciones y los atropellos”, dice Fabiana. Su tía asiente y agrega: “A él le venían siguiendo los pasos porque él estaba decidido a sumarse al partido Vente Venezuela, a él le apasiona la política, y como en Táchira la gente lo escucha bastante, figura por sus denuncias y sus discursos, pues lamentablemente… Mi hijo es un hombre democrático, un luchador, con una visión de progreso y paz para Venezuela, no un terrorista”.

Aunque es un hombre fuerte y sano, a su familia le preocupa la salud de Jackson, pues durante la pandemia contrajo Covid, lo cual como es sabido impacta en el sistema inmunológico de las personas. De hecho, en varias ocasiones se ha enfermado en prisión y no ha tenido acceso a revisiones médicas.

Si hay alguien que extraña y no se cansa de elevar su clamor por justicia y libertad para Jackson es su abuela. A sus 87 años frecuentemente graba videos que se difunden por las redes sociales y por portales informativos de la región en los que relata quién es su nieto, cuál es su esencia, recuerda cómo era su día a día viviendo juntos, cómo su prisión injusta la ha afectado porque era quien la ayudaba a cocinar, velaba por sus medicamentos y era su compañía.

“Vivimos en constante tristeza, no ha habido navidades ni cumpleaños como es común en cualquier familia… Todo ha quedado apagado”.

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