Close

Anyuri Montilla, esposa de víctima de abuso policial: “La policía está acostumbrada a llevarse gente inocente”

Ebraham Barrios es un joven padre de dos niños de 3 y un año de edad, el más pequeño sufre de leucemia. Trabaja vendiendo chucherías en Los Jardines de El Valle, en la misma zona donde reside junto a su esposa Anyuri Montilla y sus hijos. Los vecinos lo aprecian, saben que es un muchacho sano y trabajador que no se mete con nadie. Una mañana de noviembre de 2023 se topó con la desgracia vestida de uniforme cuando estaba en su casa en labores domésticas.

La calle 15 de los Jardines de El Valle queda empinada en un cerro. A la casa de esta joven familia se le llega subiendo amplias escalinatas en espiral y andando un trecho de camino de tierra. Desde lo alto se aprecia una amplia vista de una parte del sur de la ciudad, como si de un mirador se tratara. Es una comunidad tranquila, con niños, perros y gatos correteando alegres entre las casas. Allí estaba Ebraham, alimentando a sus gallos mientras su esposa aprovechaba el agua para lavar ropa y bañar a los niños. De repente una comisión de la DAET/DCDO, antigua FAES, órgano adscrito a la PNB, que “peina” la zona con cierta regularidad lo abordó violentamente y además agredió a su familia.

Aunque Ebraham no estaba trasgrediendo la ley, el oficial Gustavo Velásquez Acero, jefe del módulo policial que lideró el procedimiento, a quien le dicen coloquialmente “Conejo”, le ha dicho en varias ocasiones a la comunidad que dejara esa zona sin hombres, “no quiero hombres aquí en el cerro”, así que ese fue el delito de este joven: ser hombre.

“A los niños que estaban cada uno en una bañera los apuntó con la pistola y me decía ‘saca a estos carajitos de aquí’, a mí me querían llevar más arriba, le decía a los otros policías que me llevaran más lejos, eso era para matar a mi esposo y que yo no los viera porque así lo han hecho otras veces. No pudieron porque como era de día salieron todas las vecinas gritando, ellas se metieron para impedir que lo mataran como han hecho con otros. Le pedían un bolso y como él les dijo que no tenía se lo llevaron con la cara tapada para el módulo. Allá agarraron un bolso que no es de él, le sembraron una granada y se lo llevaron preso”, relata Anyuri.

Ebraham Barrios sigue privado de libertad, primero estuvo preso en el módulo de la zona 7 de la PNB hasta mediados de febrero cuando fue trasladado a Yare II, en el estado Miranda. Anyuri hace malabares para subsistir, lo relata con sus grandes ojos claros llenos de lágrimas; es poco lo que consigue para medio alimentar a su familia y no tiene cómo hacerle tratamiento a su niño de un año que fue diagnosticado con leucemia. “Estoy sola, me las arreglo vendiendo chucherías, haciendo rifas… Éramos los dos, pero ahora él no está”.

En esta joven madre que se crio y creció en Los Jardines de El Valle hay una mezcla de indignación, rabia, dolor y miedo por lo ocurrido a su esposo, que no es más que la palabra cumplida de un policía que usa su posición para imponer su voluntad sin importarle las leyes. “Ellos se meten aquí a buscar los malandros pero como no consiguen se llevan gente inocente, están acostumbrados a hacerlo, no hacen su trabajo como tiene que ser”.

En enero, en medio de la continuidad de la razzia policial del “Conejo”, algunas mujeres ya solas porque sus esposos o hijos varones fueron asesinados o llevados presos se sintieron desesperadas y pensaron en huir de sus casas, pero como no tienen para dónde estaban dispuestas a desplazarse hacia el río Guaire, pues ellas también están a merced de la violencia policial ya que en varias ocasiones han sido víctimas de agresiones e insultos, incluso niñas y adolescentes han sufrido golpes y malos tratos de las comisiones lideradas por Velásquez Acero.

Decidieron dejar de lado el miedo, luchar por su espacio y denunciar los abusos policiales. Anyuri también lo hizo porque él la amenazó de muerte cuando ella se negó a darle una sábana para tapar el cadáver de un hombre al que él y otros funcionarios mataron. La apuntó directo al pecho sin importar que tenía en brazos al niño pequeño: “Cuando te vea por allá abajo te voy a explotar el coco a balazos”.

El día que hicieron la denuncia ante la Oficina de Respuesta a las Desviaciones Policiales de la PNB un comisario le dijo que Gustavo Velásquez Acero, “el Conejo”, tiene más de 120 denuncias en su contra, incluso de zonas tan lejanas de allí como Caricuao y Petare, adonde ha extendido sus abusos y crueldad. Aun así sigue en su cargo que ocupa desde hace menos de un año. Antes de esto, “el Conejo” perteneció a las temibles FAES y antes a la Policía Municipal de Caracas (Policaracas). De las FAES aún aplica sus métodos contra los jóvenes. A los de la parte baja de Los Jardines que se dedican al microtráfico de drogas les cobra “vacuna” pero les permite operar, afirman vecinos de la zona. Pero los de la parte alta como Ebraham llevan la peor parte, allá a lo alto lejos del ojo público, comete sus excesos y gerencia la vida de la población masculina.

En enero pasado, cuando lo denunció ante la Fiscalía, a Anyuri le dieron una orden de alejamiento: “Ese papel no vale de nada, si él quiere matarme me mata, si quiere hacerle daño a alguno de mis hijos lo hace, o no lo hace él y lo manda a hacer con otro. Lo que hay que hacer es cambiarlo porque si no él va a seguir haciendo lo mismo siempre”.

A Ebraham lo imputaron por terrorismo debido al supuesto porte de la granada sembrada. El juicio aún no comienza, la defensora pública de presos asignada al caso le dice a Anyuri que puede tomar 2 o 3 años, al recordarlo las lágrimas aparecen de nuevo en su rostro.

“La única de por aquí a quien le quedaba su esposo era yo, pero se lo llevaron”. //

¡Comparte este contenido!

Contenido relacionado