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Rosa Orozco “Para tener paz hay que tener justicia”

En dos meses se cumplen 10 años del asesinato de la joven Geraldine Moreno a manos de un contingente de la Guardia Nacional Bolivariana en el contexto de las protestas antigubernamentales de 2014. En el camino para obtener justicia, su madre, Rosa Orozco, decidió transformar el dolor, lo que la llevó a fundar –en 2017– junto a la abogada Martha Tineo la organización Justicia, Encuentro y Perdón, dedicada a la defensa y promoción de derechos humanos, principalmente en los casos de muertos en las protestas y presos políticos, así como la construcción de memoria histórica sobre estos hechos


El hecho de que el tema Venezuela en la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de lesa humanidad pareciera avanzar es algo positivo para las víctimas que ven en esa instancia casi la única posibilidad de obtener justicia. ¿Cuál es su percepción al respecto?


Yo aplaudo todo el trabajo que se está haciendo para lograr estas cosas, este es un trabajo que hay que hacer conjuntamente. Por eso siempre hay que persistir y seguir adelante. Lo de la CPI surgió porque hay víctimas, tenemos 300 muertos, tenemos más de 300 presos políticos, ha habido una cantidad de atrocidades en el país, ya sea por persecución por motivos políticos o por tortura, por detenciones arbitrarias, y seguiremos insistiendo para que las ejecuciones extrajudiciales estén en esa investigación.


Y una cosa que nunca debemos olvidar como víctimas es seguir hablando, seguir documentando y difundiendo todo lo que está pasando; por ejemplo, en nuestra organización Justicia, Encuentro y Perdón lo hacemos porque nuestra ONG es de víctimas para las víctimas.



Ante la posibilidad de esa investigación en la Corte Penal Internacional ¿cómo se siente usted como víctima?


La mejor opción que tuvimos fue la Corte Penal Internacional porque no es que estamos denunciando al Estado porque no es el Estado, son personas determinadas que hicieron estas violaciones de derechos humanos atroces como en el caso de mi hija Geraldine Moreno que fue víctima de una ejecución extrajudicial, porque le dispararon en el rostro a 10 centímetros de distancia, y eso es una ejecución extrajudicial. Y para mí ha sido muy satisfactorio haber seguido adelante y que la Corte nos haya escuchado. No es fácil, porque aquí ha pasado mucho, aunque hemos evolucionado demasiado rápido en todo lo que se ha denunciado. Y también gracias a los países extranjeros que nos apoyaron en todo esto.

Usted está en las dos aceras, tanto la de víctima como la de defensora de derechos humanos ¿es difícil gestionar ambos roles?

Yo enseñé a Geraldine a que las causas justas hay que defenderlas. Esto para mí es como que si yo estuviese defiendo la causa de muchísimas madres que no pueden alzar la voz ya sea por miedo o porque no han podido superar el dolor. Doy gracias a Dios porque todos los días me ha dado esta fuerza para seguir adelante. No sé si es mi carácter, si es mi manera de ser, pero es doloroso estar hablando del caso de mi hija y del caso de muchísimos muchachos asesinados y muchísimas personas ciudadanos presos por levantar la voz. Creo que el dolor que aprecia el defensor de derechos humanos hace que cada causa que defienden sea su causa porque defender causas justas es algo muy doloroso y la verdad no creo que se podrían dividir los roles, sino que es el mismo dolor.

¿Cómo evalúa la actitud de las autoridades del sistema de justicia ante el trabajo de la Corte Penal y de instancias internacionales como la Misión de Determinación de Hechos y otras?

Ellos no sienten el dolor que uno siente, no ven que están haciendo algo errado, no ven que la posición que pueden tomar sería la de saber la verdad, el gran problema es que nosotros decimos que esto es verdad y ellos dicen su verdad y lamentablemente no se ponen en la posición de una persona que ha perdido a un ser querido. Pido a Dios todos los días que en esos cargos sean designadas personas objetivas que sepan garantizar la justicia.

En el caso de su hija ¿cómo ve la posibilidad de obtener justicia?

En el caso de Geraldine hubo 13 motos que entraron con 24 funcionarios disparando. Hay 19 guardias nacionales que vieron cuando le dispararon a Geraldine y que dijeron que eso no sucedió. Cada vez que se cumplen años del asesinato de Geraldine, que es el 22 de febrero, yo voy al día siguiente al Ministerio Público y presento un escrito en el que pido la investigación de esos 19 guardias, hay dos que fueron los actores materiales del hecho y están presos, uno en Fénix Lara y el otro está en Ramo Verde, a uno  le dieron 30 años de condena y al otro 16 años. ¿Y dónde están las otras personas que estuvieron ahí?, porque son cómplices de lo que le pasó a Geraldine. Sigo insistiendo y mientras que a mí me quede una gota de sangre en mi cuerpo yo seguiré pidiendo justicia por mi hija. Y aunque yo hablo mucho del perdón siempre lo aclaro: perdonar significa renunciar a la justicia y la justicia es muy importante para en mi caso. Necesito la verdad, necesito la justicia para saber qué fue lo que pasó; el año que viene se cumplen 10 años y todavía sigo insistiendo en la investigación a la cadena de mando y en los otros guardias nacionales que estuvieron ahí en ese momento.

¿Cómo es su concepto de perdón sin renunciar a la justicia?

Nada fácil. Yo pertenezco a una familia muy mariana, mi mamá me lo dijo: tienes dos opciones, o te vas por el perdón, por la reconciliación y por conseguir justicia como debe de ser o te vas por el rencor, por el odio, que es lo que tanto le decías a Geraldine que no debería suceder en este país. Así que tomé mi decisión, ese trayecto ha sido muy largo, en una de las audiencias, creo que cuando Geraldine tenía tres años y medio de muerta, hablé con los guardias nacionales y les dije que como madre los perdonaba. El perdón es para liberarme porque con rencor y odio no puedo seguir adelante. Y el día que yo perdoné a los guardias me liberé, pero siempre lo he dicho, no están exentos de cumplir la condena, pero yo les doy mi perdón y yo me perdono para poder seguir adelante, para liberarme. Esto, vuelvo y lo repito, no es fácil. Es un trabajo que hay que hacer todos los días, es muy difícil porque cada vez que uno se levanta en la mañana y ve las noticias o cuando la Misión de Determinación de Hechos emite un informe en el que deja constancia de que en Venezuela todavía siguen las violaciones de derechos humanos y esta gente diga que aquí no ha pasado absolutamente nada, que es una mentira, entonces, ¿cómo se puede seguir trabajando? Pero ese precisamente es el trabajo, seguir trabajando para seguir adelante. Las víctimas tenemos que pasar de víctimas a victoriosos para seguir adelante.

¿Cómo logró configurar ese dolor para la creación de la organización Justicia Encuentra y Perdón?

Justicia, Encuentro y Perdón no son tres palabras que se agarraron al aire porque sí. Justicia porque vemos la necesidad de reconstruir la justicia, los poderes judiciales y tener una paz tranquila, pues para que tengamos paz hay que tener justicia. El encuentro es porque nosotros, todos los venezolanos, debemos dejar las divisiones, dejar lado los intereses. Y el perdón, aunque es una palabra muy dura, es necesaria para la reconstrucción y poder seguir adelante. Y ese perdón lo tenemos que tener todos, hasta esas personas que nos han hecho tanto daño.

¿Cómo ha sido la experiencia de transmitir ese mensaje?

Ha sido duro, la gente me ve muy raro, pero para eso son las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE), donde Martha (Tineo) y yo hemos hecho bastante esfuerzo para hacerlas posibles y transmitir esas técnicas y seguir adelante porque cuando tienes rabia y rencor eso no te deja avanzar ni luchar para obtener justicia. En las ESPERE soy tallerista junto con varios integrantes de nuestra ONG.

¿Cómo ha transformado su vida convertirse en una defensora de derechos humanos?

Yo era una simple mujer que tenía un trabajo para mantener a su hija y darle educación. Después que pasó todo esto me di cuenta que nosotros no tenemos derechos, no nos cumplen nuestros derechos, hace unos años atrás como ciudadanos no sabíamos nada de derechos humanos y con todo lo que ha pasado en el país hubo que aprender a estudiar lo que eran nuestros derechos. Nosotros no tenemos que pedir el favor al gobierno de que nos respete nuestros derechos, tenemos que exigirlos.

Y también me he dedicado a llevar esa información a los colegios porque hay que poner una cátedra en todos los niveles de educación: escolar, preescolar, básica, universitaria para que aprendan qué cuáles son sus derechos porque nuestros muchachos tienen que aprender eso. Y eso es una función a la que me he dedicado en estos últimos dos años en los colegios del estado Carabobo que es donde vivo.

Sin embargo, entró a un mundo en el que la labor no es fácil debido al cierre de espacio cívico que cada día es más fuerte y con nuevas formas de persecución y hostigamiento

Yo aprendí a no tener miedo, no quiero dejar de denunciar nada, porque quiero seguir adelante con todo esto. Yo a lo único que le tengo, y no es temor, es respeto, es a Dios, a más nadie.

¿Qué les diría a esas madres o esposas que tienen miedo o desconfianza en el sistema y no se animan a denunciar?

Que en Venezuela hay un patrón sistemático y generalizado hacia la población civil y la responsabilidad de los altos y bajos mandos son elementos suficientes para seguir suministrando toda la información que podamos a la Corte Penal Internacional. Debemos seguir adelante y no callarnos. El miedo es libre. Nadie ha dicho que esto es fácil, pero las víctimas tenemos el poder de seguir denunciando y decir “con nuestros hijos no se metan”, porque son el futuro de nuestro país y no lo podemos dejar de ir. Nuestros hijos ya no están, pero nosotros seguiremos adelante para formar el país que ellos querían. Por eso es necesario que sigamos levantando esa voz, si no lo hacemos seremos cómplices de lo que está sucediendo en este país. Por eso que tenemos que seguir adelante y seguir con esa fuerza que Dios nos ha dado a todas nosotras, las madres, las esposas, las hermanas de estos muchachos que perdieron la vida o están presos por levantar su voz. Eso tiene que estar en los libros de la historia de Venezuela para que esto nunca más vuelva a suceder. //

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