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Yanmarys Antón, hermana de la teniente (Ej) Carla Antón: Su sueño de niña la llevó al infierno

Desde pequeña, Carla Yancelys Antón Farías soñaba con ser militar. En Cumaná, estado Sucre, donde nació, veía por televisión todos los desfiles de las fechas patrias y les decía a sus padres que ella quería ser como los uniformados que veía marchar en esos actos. Creció y se enfocó en hacer realidad su sueño. A los 18 años comenzó su carrera militar. En 2019, cuando tenía 30 años de edad, era teniente del Ejército y estaba destacada en el Fuerte Paramaconi en Maturín, estado Monagas, donde era la comandante de la unidad 3210 de la Compañía de Sanidad y la oficial responsable del parque de armas de la unidad 3203 de la Compañía de Abastecimiento y Transporte. Amaba su trabajo, hasta que la mañana del 17 de junio de ese año después de entregar su guardia fue llamada por su superior y quedó detenida. Cuatro años después sigue presa y según la sentencia del Tribunal Militar Quinto de Juicio deberá pagar una condena de 7 años y 9 meses de prisión.

A la oficial se le señala de participar en una supuesta conspiración para secuestrar a la entonces gobernadora Yelitze Santaella y desestabilizar el estado Monagas. Las pruebas en su contra y contra otros 12 compañeros detenidos inicialmente –entre ellos la sargento Yusimar Montilla que tenía 7 meses de embarazo–, se limitaron al comentario escueto de un testigo que afirmó que la teniente Carla Antón le comentó que había personas con llaves “para tomar los parques”.

Fue detenida por la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) sin darle explicaciones y sin orden de aprehensión. La trasladaron a un cuarto oscuro en el mismo Fuerte Paramaconi donde fue sometida a vejámenes, golpes y tratos crueles, sin acceso a agua ni alimentos. Cuatro días después fue enviada a la cárcel militar de Ramo Verde, en el estado Miranda, lejos de su familia.  

Para su familia ella simplemente desapareció, supieron de su detención 15 horas después por un amigo, pero no tuvieron acceso a ella porque desconocían su paradero, fue aproximadamente dos semanas después cuando Carla hizo lo posible para avisarles que estaba en Ramo Verde. Como pudieron su madre y su hermana viajaron a Caracas para verla, es la más apegada a su madre tal vez por ser la menor de los hijos. Es la única vez que ambas se han visto, pues ninguna de las dos tiene el valor de volverse a ver en esa situación.

En noviembre de 2019 iniciaron las audiencias preliminares del caso para lo cual la teniente fue trasladada al área de procesados militares de la cárcel de La Pica, en Monagas, donde sufrió fuertes golpizas de parte de sus compañeras por orden del director, capitán de navío Carlos Cotuño, por negarse a participar en un “pranato”. Esa golpiza y los motivos fueron denunciados en tribunales ante el juez, pero no se tomó en cuenta.

Casi 3 años después de su detención el juicio en su contra culminó, era el 6 de abril de 2022, la audiencia se celebró de noche, el veredicto se conoció a la 1:00 de la madrugada: fue sentenciada a 7 años y 6 meses de prisión por instigación a la rebelión. Cuenta su hermana Yanmarys que el fallo cayó de sorpresa, pues ante la falta de evidencias la teniente estaba segura de que saldría en libertad. “Su abogado (un defensor público de nombre Rouser Ávila), no lo hizo bien, no hizo el trabajo que tenía que hacer, no la defendió”.

Tras la sentencia fue trasladada a Ramo Verde otra vez. Ella depende de la ayuda de familiares de otros presos porque sus familiares son de escasos recursos y no pueden viajar seguido a Caracas.

“Esto nos ha afectado mucho a todos, al principio mi mamá cayó en depresión… Es mucho dolor, tristeza y lágrimas; mucho lo que uno piensa y siente, uno quisiera volar, agarrarla y tenerla de nuevo con nosotros; sus sobrinos la extrañan, preguntan mucho por ella porque es la ‘tía alocada’ con la que ellos más se divierten porque juega con ellos como una niña más”.

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