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Padres de Fabián Urbina: “En Venezuela no se está dando una justicia verdadera”

Dos hijos. Uno asesinado a manos de la represión del Estado y otro obligado a migrar de manera forzada. A los padres de Fabián Urbina, joven de 17 años muerto al recibir disparos en el pecho en una manifestación antigubernamental en Caracas en junio de 2017, les cambió la vida drásticamente ese año cuando el país vivía meses convulsos, marcados por el descontento social y una fuerte represión estatal. Desde el año anterior la mamá del joven fue diagnosticada con cáncer y cumplía tratamiento médico, luego Fabián es asesinado y pocos meses después su otra hija se vio forzada a irse del país.

Tras el asesinato de Fabián se inició el proceso judicial, el responsable de esta muerte, un guardia nacional bolivariano, quedó grabado cuando disparaba, así que se contaba con una prueba irrefutable para hacer justicia. Pero como es sabido, en el sistema judicial venezolano pocos casos fluyen rápido, así que los señores Iván Urbina y Mercedes Barrios tuvieron que esperar dos años y 19 audiencias preliminares diferidas para que comenzara el proceso en tribunales. El retraso fue tal que alcanzó a llegar la pandemia del COVID-19 y por ende el caso quedó atrapado en la paralización judicial debido a la cuarentena decretada. Finalmente, diciembre de 2020 se pautó la apertura de juicio, allí el GNB señalado no admitió los cargos, en una ocasión anterior se negó a declararse culpable cuando el juez le dijo que la sentencia sería de 21 años y 10 meses si admitía su responsabilidad. En la continuación del juicio, una semana después, el imputado admitió los cargos: homicidio calificado agravado por motivos fútiles e innobles, uso indebido de arma orgánica, quebrantamiento de pactos internacionales, omisión de socorro, por lo que fue sentenciado a 12 años de prisión. Pero con esta sentencia no estuvieron de acuerdo los padres ni la defensa de la familia.

“La admisión de los hechos nos daba la razón, él admitió que era el asesino, pero la mayor sorpresa fue cuando la juez dictó sentencia, pues en la etapa preliminar le salían 21 años y 10 meses, por eso apelamos y fue hasta mayo de 2021 cuando le aumentaron la pena solo 3 años más. Eso no lo aceptamos, eso es una burla más hacia la vida de nuestro hijo y a nosotros sus padres que solo estamos pidiendo justicia genuina. En casos similares ha habido condenas de 28 y casi 29 años, no entendemos por qué en el caso de Fabián, siendo incluso un menor de edad, la condena fue de 15 años después de haber introducido un recurso de casación al Tribunal Supremo de Justicia”, explica el padre de la víctima.

El caso de Fabián Urbina forma parte de los expedientes enviados a la Corte Penal Internacional, no hay manera de saber si es de los casos que serán investigados por la Fiscalía de ese tribunal, pero fue remitido por el Panel de Expertos de la Organización de Estados Americanos, con quienes el padre del joven tuvo oportunidad de reunirse en noviembre de 2017.

“Tenemos muchas esperanzas de que a través de la Corte Penal podamos conseguir justicia verdadera porque se trata de una instancia que se enfoca en los mayores responsables y hemos visto que acá en Venezuela no se están investigando las cadenas de mando, y ese funcionario que disparó contra Fabián tenía superiores que daban órdenes de cómo los cuerpos de seguridad tenían que accionar contra lo que ellos llamaban ‘guarimberos’. Por eso es que si se llegase a comprobar que hay otras personas que tienen responsabilidad o algo que responder ante la ley por habernos arrebatado de esa manera tan cruel a nuestro hijo deben recibir todo el peso de la ley”.

Cuando mataron a Fabián, su madre tenía instalado un traqueotomo como parte de su tratamiento contra el cáncer en las cuerdas bocales. “En la última Navidad que pasamos con Fabián ya lo tenía puesto, en enero comenzó la quimioterapia y luego en los meses sucesivos la radioterapia y yo seguía con el traqueotomo; cuando mataron a Fabián fue bastante difícil porque no podía llorar ni gritar, no podía expresar nada, tenía que llorar en silencio y no mucho porque el aparato se tapaba con facilidad y era un riesgo porque podía asfixiarme y hasta perder la vida. Incluso llegué a pensar: ‘¿Para eso viví, para ver cómo a mi hijo lo asesinaron?’, en ese momento no le vi el sentido a todo esto, pero no perdí la fe, le pedí a Dios que me llevara de la mano y no me soltara, así comenzó mi segunda vida”.

Hablar con los padres de Fabián Urbina es enfrentarse a un alud de recuerdos que se deslizan uno tras otro: la bendición que les pedía cada vez que entraba o salía de su casa –aunque lo hiciera varias veces al día–, los besos a la orilla de la cama cuando llegaba tarde y ellos ya estaban acostados, sus “te amo, muack” que la decía a su mamá cada vez que la veía, incluso delante de sus amigos; su amor por la naturaleza y los animales, su compasión hacia los más necesitados, el desprendimiento de sus pertenencias para darlas a los niños y jóvenes en las calles, su carisma e imborrable sonrisa hacia todos los que se topaba en el camino. Ese era Fabián, un joven que aún sin llegar a la mayoría de edad ya tenía su propio blog en el que escribía sus reflexiones sobre lo que ocurría en el país, a las cuales llegaba al ver el sufrimiento de tantos venezolanos por falta de oportunidades y motivación ante la situación del país, y al experimentar en carne propia las angustias por las carencias en el sistema de salud tras el cáncer diagnosticado a su mamá cuando la familia se vio en la obligación de hacer grandes sacrificios y pedir ayuda para costear el tratamiento.

Por eso este joven no lo pensó dos veces para unirse a las manifestaciones de 2017 ante el enorme descontento social que impulsó a millones de venezolanos a las calles. Fabián sentía la necesidad de alzar su voz por un mejor país. En una ocasión fue herido con una bomba lacrimógena que le fracturó un brazo, sus padres pensaron que eso lo alejaría de las protestas, más aún ante los reportes de la cantidad de víctimas que se cobraba la represión cada día. Pero no fue así. “Al contrario, cada injusticia que él veía lo motivaba más a salir. En Fabián no existía la palabra miedo, valentía era lo que lo caracterizaba, valentía y firmeza”, recuerda la madre.

Llegó el Día del Padre de 2017. Ese domingo la familia se reunió en la casa del abuelo paterno de Fabián para celebrar la efeméride. Al día siguiente el joven fue asesinado al recibir varios disparos de una pistola automática –de uso prohibido en manifestaciones– en el pecho. “¿Cómo puede haber ahora un Día del Padre en el que podamos sentir alegría o un Día de la Madre o un cumpleaños? No, es como si le clavaran un puñal a uno en el alma para siempre, ya no hay alegría completa para nosotros, eso se rompió”.

Tras el asesinato de Fabián sus padres crearon una fundación inspirados en el espíritu de solidaridad de su hijo para ayudar a niños de escasos recursos. Con apoyo de comercios, instituciones y particulares han realizado jornadas para donar leche, juguetes, ropa y entregar almuerzos.

“En Venezuela no se está dando una justicia verdadera, lo que hacen es como para aparentar que se está haciendo justicia, pero yo me atrevería a preguntarle a cualquier padre, no solo de Venezuela sino del mundo, si considera que es una verdadera muestra de justicia que al asesino de su hijo –en las condiciones que se dio este asesinato– lo condenen a solo 15 años de prisión”, se pregunta Iván Urbina.

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